domingo, 19 de noviembre de 2017


ME LO DECÍA MI ABUELITO
(Basado en un poema homónimo de José Agustín Goytisolo)


(Obra teatral en 3 Actos)

ACTO PRIMERO
(Cuarto de estar de una familia de la clase media. Año 1980)

El padre (enfadado)— No pongas esa cara de circunstancias ni te escondas tras las faldas de tu madre. Estas notas de final de trimestre son una auténtica basura. Ya te lo advertí varias veces: "Matías, estudia... Matías, ponte a estudiar..." pero tú como el que oye llover y ahora pagamos las consecuencias todos. El primero tu padre que tiene que detraer un dinero de la paga del mes para ponerte un profesor particular.
El abuelo(en tono conciliador)— Mira hijo, en esta vida como no trabajes, no llegarás a ser nunca nada. Serás el último mono, el hazmerreir de tus amigos y del vecindario, pasarás hambre y penalidades y, a la postre, no serás feliz.
El padre— No le haga más los cargos, padre ¡lo sabe de sobra! De chiquillo podría no darse cuenta, pero ahora con pelos en las piernas, es un gamberro que está comiendo la sopa boba, riéndose de todos nosotros.
La madre— Bueno, no es para tanto. Tengamos un poco de paciencia. A veces las personas cambiamos. Todavía es muy joven. Llegará el día en que se dará cuenta y te tomará como ejemplo.
El padre— Eso, encima tú protegiéndole. Me desautorizas totalmente. Con tu actitud lo único que consigues es que se pase la juventud sin hacer nada y luego la culpa será mía por no haberme sabido imponer y haberle dado cuatro soplamocos a tiempo.
El abuelo— Tranquilidad. Que no llegue la sangre al río.(Dirigiéndose a su nieto) Matías: lo que tienes que hacer es ponerte a estudiar desde hoy mismo. ¿Verdad que lo harás? Por experiencia te digo, que si no hincas los codos, no serás nada. La vida es de los que triunfan y mandan sobre los demás. Lo has de comprobar tú mismo. Algún día te darás cuenta y te acordarás de lo que te dijo tu abuelo.

ACTO SEGUNDO
(Mismo salón. Año 2000)

El padre—A veces los padres tenemos razón. Tanto proteger a tu hijo y ¿qué hemos conseguido?  Va a cumplir los cuarenta y Matías no tiene oficio ni beneficio. Con novia, sin poder emanciparse y viviendo a nuestra costa.
La madre— No te desesperes. Las cosas a veces requieren tiempo. Ya ha tenido varios trabajitos de una semana y va aprendiendo oficios. Ya ha sido camarero, repartidor, hombre anuncio, lava coches... La culpa la tiene la sociedad que no le da tiempo de coger experiencia.
El padre— ¡Cuántas veces me acuerdo de los consejos que le diera en vida su abuelo! Desgraciadamente, han servido de muy poco. De nuestro hijo, no esperes nada. Me preocupa el día en que nosotros no estemos. ¡Qué va a ser de él!
La madre—¡Por favor. No seas tan agorero! Mira: desde hace una semana, le han ofrecido pegar propaganda electoral para un Partido que pita mucho. Si después tuviera suerte y consiguiera colocarse como administrativo en sus oficinas...
El padre— Tú siempre soñando despierta. Este hijo nuestro nunca pasará de pega carteles y mira que se lo advertí.
La madre— Ten paciencia. He de reconocer que nuestro hijo no ha sido muy aplicado para los estudios, pero es muy listo y muy dispuesto. Nada más tienes que ver la labia que posee y la facilidad con la que hace buenos amigos.

ACTO TERCERO
Suntuoso salón en una urbanización de lujo. Año 2017

La madre—¿Y qué me dices ahora, agorero de las narices? ¿Te acuerdas cuando te decía que nuestro hijo era muy listo? ¡Una madre siempre sabe lo que ha parido!
El padre— Tengo que reconocerlo, tenías razón. Nunca pensé que el muchacho llegaría tan lejos.
La madre— ¡Pues claro, hombre! En cuanto comprobaron que además de pegar carteles, hablaba con un alto poder de convicción, en el Partido se lo rifaban para dar mítines, y hoy ya ves el puestazo que ocupa.
El padre—Es cierto. En poco tiempo, se ha situado muy bien. Tiene tres coches, unos cuantos pisos y además nos ha regalado este precioso chalet que es la envidia de nuestros amigos.
La madre— Y todo ha salido de sus lomos, porque ¡Hay que ver cómo trabaja este chico y con qué gente se relaciona!
El padre— Y lo atento que es con nosotros. A mí sabiendo que soy filatélico, no cesa de enviarme sellos de Andorra, Liechtenstein, Panamá, Islas Vírgenes, Andorra, Chipre....
La madre—El mundo se le queda pequeño. En cualquier sitio que se encuentre, siempre tiene amigos. ¡Qué suerte tenemos, maridito mío!
El padre— Pues sí, ya no tenemos que preocuparnos por nuestra vejez.
La madre— Ya te lo dije en su día: Las madres tenemos un sexto sentido y yo sabía desde que nació, que este hijo mío llegaría a ser un hombre de provecho.
FIN.


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