jueves, 23 de noviembre de 2017


FÁBULA DEL GORRINO EGOÍSTA

Los dueños de una dehesa, unos jóvenes emprendedores, habían puesto su ilusión en conseguir que los cerdos que en el futuro pastarían en sus encinares, fueran de la mejor calidad.

Para ello, inseminaron a una hembra ibérica, prolífica, con semen de un ejemplar que poseía en su haber varios galardones. La operación resultó muy costosa, pero pareció dar sus frutos cuando, al cabo del periodo de gestación, catorce cerditos alegraron con sus agudos gruñidos el paritorio. La alegría inicial dio paso a una amarga frustración. En una fría noche de invierno, se interrumpió el suministro de corriente eléctrica y, con las bombillas calefactoras apagadas, tan sólo dos crías machos sobrevivieron: uno parecía fuerte; el otro, por el contrario, era seguramente el más débil y escuálido de los nacidos. En vista de lo cual, los granjeros decidieron ponerles por nombre “Mucho” y “ Poco”.

El grandullón era un cerdito egoísta que mamaba todo lo que podía, impidiendo que su hermano se alimentara. Tan sólo cuando “Mucho” se quedaba dormido, “Poco” aprovechaba para saciar su hambre. No varió el comportamiento de “Mucho” cuando llegó el tiempo de la montanera. “Mucho” caminaba delante de su hermano barriendo con su hocico  las bellotas que podrían haber sustentado a ambos. Incluso, si observaba que “Poco” se detenía al encontrar sustento, le golpeaba en sus flancos, impidiendo que se alimentara.

Cierto día, se presentó un tratante en la finca, y tras desestimar adquirir a “Poco”, se interesó por los doscientos kilos de “Mucho”, al que condujo al matadero. Ya sin su hermano, “Poco” empezó a engordar de manera sorprendente, convirtiéndose en un cerdo con una inmejorable presencia, hasta el punto de que los granjeros pensaron destinarle a semental, porque no en vano conservaba los genes de un campeón. Así, mientras los jamones de “Mucho” eran contemplados en una charcutería en espera de comprador, “Poco”, al que cambiaron el nombre por “Sultán” disfrutaba en la dehesa con abundante comida, rodeado de un harén de admiradoras.

Moraleja
El disfrute del egoísta, es pasajero.

Dibujo a la acuarela de Manuel Malillos Rodríguez.


6 comentarios:

  1. Ayyyyyyyyyyyyyyyyy que mona la joven que ha comentado la Fábula. Besos, Mª Ángeles.

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  2. Respuestas
    1. Respondo al Holaaa!!! con otro Holaaa!!!. Siento no conocer el corazón que lo envía.

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  3. El egoísmo es muy malo. La envidia, también.

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  4. Males de nuestro tiempo, admirada Maite. En la moraleja se señala que el mal no prevalece. Gracias por comentar.

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