jueves, 19 de abril de 2018




FÁBULA DEL HERMANO GENEROSO

n matrimonio de avanzada edad decidió pasar los últimos días de su vida en la Residencia de la Tercera Edad que acababan de inaugurar en su pueblo. Con la jubilación podían sufragarse la estancia en aquel lugar y pensaron que, de este modo, no serían una carga para ninguno de sus cinco hijos. Durante muchos años de ímprobo trabajo, habían conseguido acumular una modesta cantidad de posesiones, consistentes en una vivienda familiar con aprisco y almacén, una era, una hermosa huerta, varias tierras de labor y una cierta cantidad de dinero. Con el porvenir resuelto, creyeron oportuno repartir sus bienes entre la descendencia, para gozar en vida con la mejora económica que tales bienes supondrían a sus queridos vástagos. Para ello hicieron cinco lotes que consideraron de igual valor. Fue una ardua tarea, puesto que se trataba de una hacienda muy heterogénea, pero ellos pusieron todo su empeño en conseguir que los lotes quedaran compensados, arrimando más dinero al que les pareció de menor valor inmobiliario.

Un día, los abuelos reunieron a sus hijos y les expusieron su plan. Todos ellos quedaron encantados, alabando la generosidad de sus progenitores y estimaron que la herencia había sido repartida en lotes de similar valor. Con unánime conformidad, allí mismo procedieron a sortearlos, para poder elevarlos, posteriormente, a escritura pública. Una vez terminado el sorteo y adjudicados los lotes, el hermano más pequeño no estuvo de acuerdo con el resultado y prorrumpió lanzando improperios: “¡La huerta, la huerta. No me ha tocado la huerta! ¡Me ha correspondido el lote de menor valor, un secarral y una pequeña cantidad de dinero que veré menguada en cuanto pague al Notario!” E incluso, descontento por su mala suerte, acusaba a sus padres de no haber equilibrado bien los lotes.

Viendo su desesperación, el hermano al que había correspondido la huerta, le dijo: “No te preocupes, nada es definitivo todavía. Cambiemos los lotes, sea para ti la huerta y para mí el secarral”. Con esta decisión, la reunión concluyó en concordia y todos quedaron satisfechos. Los padres también quedaron muy contentos al comprobar que el espinoso tema del reparto había concluido felizmente.

Apenas dos años después, un afamado industrial se fijó en la situación del secarral y lo consideró idóneo para construir en ese lugar otra de sus fábricas, pagando por el terreno una elevada cantidad de dinero. De manera que, mientras el hermano menor, trabajando la huerta,  únicamente obtenía lechugas y tomates, el hermano generoso, vio compensado su buen proceder con billetes en abundancia

Moraleja
La generosidad, siempre tiene recompensa.

domingo, 15 de abril de 2018


EL ECHADOR DE CARTAS

Para él, en cuestiones de amor, nunca hubo buenos tiempos. Paco, un oficinista próximo a la cuarentena, había tenido varias novias y de aquella relaciones conservaba el sabor amargo de la frustración. El primer amor apenas le duró unos meses: María parecía tenerlo todo pues, a sus veinte años, amén de lozanía, desprendía alegría y vitalidad por doquier. Era tan aficionada al baile, que a Paco no le quedó más remedio que matricularse en una Academia de baile y aprender a moverse, a marchas forzadas, al ritmo de la música caribeña. La experiencia no resultó del todo satisfactoria, porque poco dotado para el movimiento convulsivo de caderas, María aprovechó esta circunstancia para que, con el pretexto de no recibir más pisotones, bailar formando  pareja con el dueño de la Academia; pareja con la que siguió practicando en horas no lectivas y no siempre con música.

Tras la primera decepción, que dicen que es la que más duele, conoció a Mamen que era el polo opuesto  a María. Seria, responsable y hogareña, parecía concentrar en su persona los valores que un hombre busca en la futura madre de sus hijos, pero tampoco en esta ocasión la suerte acompañó las pretensiones amorosas de Paco pues, Mamen tan solo quería salir de paseo los domingos después de Misa de doce y si el novio deseaba saludarla entre semana, tenía que ser, forzosamente, en el trayecto que mediaba desde el portal de su amada hasta la Iglesia en donde acudía diariamente a rezar el Rosario, seguido de Exposición y Misa. En total, más de hora y media dedicadas al amor divino  y solo cinco minutos al amor humano, justo el tiempo que tardaba en regresar a casa. A Paco le pareció demasiada tanta beatería y aunque, para entonces, ya había aprendido un gran número de oraciones, jaculatorias y letanías, decidió dejar a Mamen rezando en solitario los Misterios del rosario, en vista de que para él, todos los días recitaba cincuenta Ave Marías de Misterios Dolorosos.

La siguiente experiencia fue la peor de todas: Buscó en la sección de contactos de un periódico, números de teléfono que le rescataran de su soledad, y de las cuatro citas que concretó, tres resultaron ser de mujeres de la vida y en la última, conoció a un travesti.

Recluido en su casa, ni los libros ni la música y mucho menos la televisión, satisfacían sus ratos de ocio, porque nada en su mente reemplazaban el secreto deseo de encontrar el amor. Llegó a pensar que un extraño maleficio se había apoderado de él forzándole al celibato y, en plena crisis obsesiva, recurrió a las esotéricas artes de un afamado echador de cartas, a fin de que le revelara la causa de su infortunio y, a ser posible, predijera su porvenir en el asunto que le atormentaba.

Vestido al estilo oriental, cubierta la cabeza con un turbante cachemir, rodeado de cientos de imágenes y a la tenue luz de una vela roja de hachón, el Mago Tellín, recibió a Paco en una atmósfera de sofocante olor a incienso. Tras unos minutos en los que Paco expuso el motivo de su visita, el Mago Tellín primero guardó silencio durante unos segundos y, acto seguido, comenzó a colocar cartas sobre la mesa, acariciándose en cada colocación, la perilla. Al cabo de unos instantes que a Paco se le hicieron eternos, emitió su diagnostico:

Has tenido un pasado desafortunado—pronunció con afectada gravedad—, pero a partir de ahora barrunto para ti un futuro esperanzador. Veo una mujer en tu vida que te dará toda la felicidad del mundo. Es rubia, muy femenina y, desde hace tiempo está intentado darte todo el amor que posee. Te amará incondicionalmente. No rechaces su afecto a pesar de que te supera en veinte años y es más bien regordeta, pero en su compañía, tendrás la fortuna de vivir en un ambiente hogareño. La felicidad te aguarda. Eso es todo—concluyó.

Gracias, Mago Tellín. Su predicción me llena de felicidad—respondió, Paco, emocionado. ¿Qué le debo?

Ha sido un caso complicado—argumentó el Mago—, con quinientos euros pagarás parte de mi esfuerzo mental.

Paco regresó a casa con una alegría inmensa. Se sentía ligero, ilusionado y con unas enormes ganas de encontrar cuanto antes a esa mujer que le amaría sin condiciones.

Ya en casa, contó a su madre todo lo sucedido, pero a medida que avanzaba en la narración se fue dando cuenta de que el pelo rubio, la edad, las hechuras, absolutamente todo lo que contemplaban sus ojos, se correspondía con las de la mujer soñada que el Mago le había descrito. ¿Cómo no haberse percatado antes del engaño? Omitió la decepción a su madre y pretextando dolor de cabeza se retiró lloroso a su cuarto. Al desvestirse, sus ropas seguían oliendo a incienso y mirra. El oro se lo había quedado el Mago Tellín.


jueves, 12 de abril de 2018

PASAJES DE "CÉCILE. AMORÍOS Y MELANCOLÍAS DE UN JOVEN POETA" (45)
CAPÍTULO VI
La ilusión
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A todos nos pareció bien la idea, sobre todo a Daniel, que no acababa de entender la rigidez en los horarios y en las normas de mi casa en comparación con las que regían en la suya, mucho más liberales.

Sin la presencia de Nacho, no tenían sentido las visitas programadas, y los cuatro decidimos recorrer las calles contemplando la animación y la algarabía originada principalmente por niños que, junto a sus familias, acudían a presenciar el desfile de la Cabalgata de Reyes. A Goyita se la veía disfrutar un montón, seguramente por ser la primera vez que iba del brazo de un espigado muchacho, y no dejaba de reírse con cualquier motivo, mientras que a éste parecía no importarle que algunos a su paso miraran con descaro las formidables hechuras de la joven. Cécile y yo, contagiados por el ambiente festivo, comenzamos a dirigirnos la palabra y a entretener la mirada más tiempo en nuestras respectivas caras. Con la disculpa de que un fortuito empujón estuvo a punto de hacer rodar por los suelos la frágil figura de Cécile, le cogí la mano con instinto protector y ella no la retiró, al contrario, mirándome pícaramente me susurró: “Lo estaba deseando”. Aquella frase hizo sentirme el hombre más afortunado y querido de la Tierra. En aquel momento perdí la referencia de dónde estaba y a dónde iba. Mi vista quedó concentrada en el color castaño de su pelo corto, peinado a lo “Sabrina”, en la suprema elegancia del pañuelo de seda anudado a su cuello y en el modo en que el abrigo de paño azul marino, de amplia botonadura, se ajustaba a sus hombros. Por momentos me recordaba, en la grácil manera de caminar junto a mí, que era la mismísima Audrey Hepburn, frágil y enigmática en apariencia, y yo, naturalmente, Humphrey Bogart, pues no en balde había visto la cinta dos veces, atraído por la belleza de la protagonista. ¿Habría imitado Cécile deliberadamente el vestuario de Givenchy? ¿O tendría que ver su elegancia con la sangre francesa que corría por sus venas? Deseché estos interrogantes estúpidos cuando me volví para contemplarla de nuevo. Sus ojos me parecieron únicos porque además de su tonalidad extraordinariamente bella, me devolvieron la mirada de una manera especial e inolvidable.

Tanto romanticismo se calmó cuando a Goyita se le abrió el apetito tras ver pasar a los Reyes Magos, y nos propuso lo que presumíamos que más pronto que tarde, inevitablemente ocurriría:

―Con tanto tiempo de pie estoy desfallecida. ¿Qué tal si tomamos algo? Hoy parece obligado probar el roscón. Muy cerca de aquí hay una confitería que es el no va más de las frutas escarchadas, con las que decoran este tipo de dulces.

Y nos dirigió hasta dar con ella bajo los soportales de Cebadería. Por la familiaridad con que trataron a Goyita, deduje que no debía ser la primera vez que nuestra amiga visitaba el establecimiento. Conocía la especialidad de la casa en todas sus modalidades. Pidió un roscón relleno de trufa, que compartimos, y no se negó a probar en solitario un buen trozo de otro de nata montada, que la dependienta amablemente le ofreció con la seguridad de que al día siguiente, uno de gran tamaño sería el postre de los señores de Marcuenda.
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domingo, 8 de abril de 2018


CAMBIO DE SEXO
  



(Obra teatral en tres Actos)
ACTO PRIMERO
(En una cafetería casi vacía)

Protagonista— Perdona, chico, que te haya citado a una hora tan intempestiva, pero necesitaba alguien que me diera su opinión sobre un tema que me angustia en los últimos tiempos y he pensado en ti porque me conoces desde niño.
Amigo 1— No te preocupes por el madrugón. ¿Para qué estamos los amigos? Si te puedo ayudar, cuenta conmigo. Pero dime, ¿qué asunto te apremia tanto?
Protagonista— No me resultará fácil decirte lo que me pasa, porque además no estoy seguro de que puedas entenderme, pero lo intentaré. Verás, desde hace algún tiempo mis esquemas mentales se están desmoronando. No estoy tan contento como debiera con mi condición de varón. He perdido la pasión que sentía por mi novia; es más, quisiera ser como ella.
Amigo 1— ¿Cuándo empezaste a sentir los primeros síntomas? ¿Cómo empezó todo? Es que me estás dejando de una pieza.
Protagonista— Ya lo vengo rumiando desde hace tiempo, pero últimamente siento una fuerza indescriptible  que me empuja a querer tener los privilegios de que goza una mujer. Sin ruborizarme, me miro en los espejos con frecuencia, uso perfumes con esencias atrayentes y tengo que admitir que el rosa me gusta más que el azul.
Amigo 1— Verdaderamente eso es bastante preocupante. Pero... ¿qué piensas hacer?
Protagonista— Creo que no voy a tener más remedio que cambiar de sexo.
Amigo 1— ¡Eso es muy fuerte, colega!
Protagonista— Y tanto. Yo mismo estoy asustado. Sé que, aunque lo consiga, nunca podré llegar a ser madre, pero, al menos, podré entender  qué es lo que pasa por la cabeza de las mujeres. Lo que ocurre es que no conozco a nadie que me pueda ayudar. Tal vez si tú supieras de alguien...
Amigo 1— No sé, no sé... déjame pensar. Quizás encuentre a alguien dispuesto a ayudarte. Lo que pasa es que así, tan de repente... Me encuentro impactado por la noticia. Si quieres hago alguna gestión y dentro de unos días quedamos aquí mismo; parece un lugar muy discreto.
Protagonista— Vale. Procura no tardar. Mi cabeza va estallar de tanta preocupación.
Amigo 1— Descuida, te llamo y quedamos.

ACTO SEGUNDO
(En la misma cafetería, pocos días después)

Amigo 1— Aquí te presento a este amigo que es de toda confianza. Trabaja en un hospital como cirujano y además es psicólogo. Es un experto en estos temas, creo que él te puede ayudar.
Protagonista—Encantado de conocerle. Necesito una persona como usted que me ayude a superar las terribles incógnitas que se me plantean.
Amigo 2— Tutéame, por favor, casi somos de la misma edad. Ya estoy informado de tu pretensión y créeme es un problema muy serio. Necesitas una preparación previa y pensar en los pros y los contras antes de tomar una decisión; luego ya no hay marcha atrás.
Protagonista— Supongo que sí, claro. Infórmame, por favor.
Amigo 2— Antes de informarte, me gustaría saber qué es lo que bulle en tu cabeza para pensar cambiar de sexo.
Protagonista— Ser mujer, pese a lo que se diga, es bastante mejor que ser hombre. Ellas pueden usar tanto falda como pantalón. En algunas oposiciones como para ser bombero o policía, las pruebas atléticas son mucho menos duras y al final cobran lo mismo. No lo entiendo y me gustaría comprenderlo. ¡Quiero cambiar mi sexo cuanto antes!  
Amigo 2— A pesar de tus razonamientos, me parece que te estás precipitando en tu decisión.
Amigo 1— Eso opino yo también. Piénsatelo un poco más.
Protagonista— ¿Pero por qué tiene que haber unas cuotas determinadas de mujeres a la hora de confeccionar listas electorales? ¿Por qué tenemos que cederlas el asiento en el bus? Es que no lo entiendo. El cambio de sexo me resulta imprescindible.
Amigo 2— Tienes razón en algunas cuestiones, pero sigo creyendo que no son razones que justifiquen un cambio de sexo, de hecho, en todos los casos que he tratado, las motivaciones han sido muy diferentes. En cualquier caso, tómate un tiempo y si persistes en tu pretensión, te cito en mi Clínica para realizar unos estudios previos y una Analítica.
Protagonista—Así lo haremos, muchas gracias. Nos vemos en la Clínica, pues va a resultar muy difícil que cambie de opinión.

ACTO TERCERO
(En la Clínica, tres semanas más tarde)

Protagonista— No entiendo nada de lo que está ocurriendo. Primero me han hecho un análisis de sangre y después he tenido que contestar a unas preguntas rarísimas.
Amigo 1— ¿Pues qué te han preguntado?
Protagonista— Que si estaba seguro de que luego no podría ser padre. ¡Figúrate! Siempre he pensado en tener hijos con mi novia.
Amigo 1— Ahora el que no entiende nada soy yo. Si decides cambiar el sexo, lo primero que te cortarán serán “tus cositas” (dice el amigo señalando el lugar en donde se encuentran “las cositas”)
Protagonista—¡Ahhhh! ¡Eso sí que no! No creo que para entender a las mujeres tenga que ser un eunuco.
Amigo 1— Me parece que ya voy entendiendo. Tú, ¿qué quieres?: ¿Cambiar de sexo o cambiar de seso?
Protagonista—Yo lo que quiero es cambiar de mentalidad para poder entender a mi novia que dice que el mismo derecho tiene ella a pasar una “tarde de chicas” que yo a irme al fútbol con los amigos.
Amigo 1— ¡Acabáramos! Eso se llama cambiar de seso, de mentalidad. ¡Vaya días que me has hecho pasar! Y todo por no saber la diferencia entre sexo y seso.
Protagonista—Por favor, salgamos cuanto antes de esta Clínica. Si no llega a ser por ti…te prometo que serás el padrino de mi primer hijo.
Amigo 1— Yo te prometo regalarte un buen Tratado de Gramática.
(Ambos amigos se funden en un gran abrazo).


FIN

jueves, 5 de abril de 2018



PASAJES DE “LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS” (45)
CAPÍTULO III
La casa del abuelo
…………………………………………
           Como si se tratara de un pequeño ejército, subimos en fila india la escalera tras mi padre, que capitaneaba la comitiva. Los peldaños, no acostumbrados a tanta carga, gimieron a nuestro paso, y todos, por instinto de supervivencia, nos agarramos al pasamanos. Bueno, todos no, porque Jeremías, desafiando el peligro, saltaba los escalones de tres en tres, hasta alcanzar el rellano, con la sana intención de ser el primero en abrir la puerta y mostrarnos al enfermo.
Sentado en un butacón, despeinado, con los pantalones por encima del pijama y una bata sobrepuesta, abrigándole la espalda, encontramos a mi abuelo, recién levantado de la cama. En la mesilla de noche, un montón de medicamentos tapaban la base de una lámpara que permanecía encendida. Justo, al lado de la mesilla, en un rincón, intentando pasar desapercibido, se encontraba el orinal, oculto tras un cartón, en el que se podía leer una conocida marca de quesos. La atmósfera de la habitación estaba muy cargada por falta de ventilación, concentrándose un fuerte olor a orines que Tinín evidenció tapándose las narices; los demás intentamos disimular como pudimos.
―¿Qué hace el hombre? ―dijo Petra, descorriendo las cortinas―. ¡Ya es de día, Señorito! Voy a apagar la luz que de seguida viene el molinero con la factura ―recalcó Petra, muy en su papel de cuidadora.
El abuelo permaneció todavía, unos instantes, aturdido, hasta que al fin pareció reconocernos:
―¡Sea bienvenida toda la tropa! Creí que no llegaríais a tiempo de verme respirar ―musitó, mientras le besábamos―. Estoy aquí, hecho un trapo, jodido de la vejiga, que no acaba de destilar, y de la cabeza, que me da vueltas todo el rato.
―Eso que siente usted en la cabeza es por la urea ―dijo mi padre―, pero ya verá como con el tratamiento, se irá mejorando.
―Álvaro, a mí ya no hay Dios que me mejore. Con morirse tu madre, he perdido la mitad de mi vida y la enfermedad va a ser la puntilla de la otra mitad. No tengo ilusión por nada ni por nadie. Sólo me queda esperar a don Matías trayéndome los sacramentos.
―No se agobie usted ―dijo mi madre, acariciándole―. Ya verá como de aquí a poco estará curado. No pierda la esperanza. Yo pido por usted al Señor en cada misa.
Luego, para que no siguiéramos escuchando las quejas del abuelo, ordenó a las sirvientas:
―Lola, Petra, por favor, bañad y vestid al Señorito Tino, para que baje a comer bien arreglado, y vosotros, niños, id a vuestro cuarto a deshacer el equipaje. Quiero que toda la ropa esté colocada en los armarios antes que os vayáis a jugar.
                                                                                                   …………………………………


domingo, 1 de abril de 2018


RESURRECCIÓN




















Percibo una luz difusa y sutil que me atrapa
y que penetra hasta “mi yo” desconocido
sumiéndome en la reflexión y en la zozobra,
pues agita los pilares de todo cuanto creo.
No tiene voz y me habla de lo eterno,
no es flor y desprende  aquel aroma
tan distinto al de un cuerpo putrefacto.
Me ofrece una escalera helicoidal
por la que subo y bajo
desde la Tierra al Cielo.
Cuando asciendo por ella,
cantan los pájaros internos,
aquellos que alegran la mañana
colmando de amor todo lo que alcanzo a imaginar.
Otras veces, las nubes me impiden comprender
tan gran misterio, aunque soy consciente de que mi vivir
no es casualidad, sino rescate del abismo.
¿Habrá resucitado?
¡Qué otra cosa podría explicar esto que siento!










jueves, 29 de marzo de 2018


LA REFORMA
Crónicas de mi Periódico            29 de marzo de 2017
VACACIONES

Estamos a Jueves Santo. Para unos, principio de vacaciones, mientras otros, en ardua reflexión, contemplan la botella medio vacía o medio llena de una semana largamente esperada. Para jubilados y parados, continuación de una situación que los primeros quisieran prolongar por muchos años y que los segundos, anhelarían que concluyera cuanto antes. ¡Así es la vida! Entre la ingente cantidad de personas que nos rodean, disparidad de afanes, diversidad de estados, diferentes modos de aceptar su realidad. Diríase que todos convivimos en un enorme hospital en el que al mismo tiempo se contabilizan nacimientos, muertes, mejorías, empeoramientos, alegrías y tristezas. O si lo prefieren, siguiendo el modelo calderoniano, en el gran teatro del mundo, cada uno representa el personaje que las circunstancias le asignan en cada momento.

En mi novela, Cécile. Amoríos y melancolías de un joven poeta, mi protagonista, Álvaro, sintiendo esta dualidad temporal en la condición humana, se atrevió a escribir en sextillas hernandianas:
“Unos ríen, otros lloran,/ según dicte la ocasión./ Entre el llanto y la canción/ los humanos nos movemos/ contándose con los dedos / quien se sale del guión./ ”...

Si ustedes quieren ver o escuchar más disparidad de criterios, sintonicen emisoras y anoten comentarios: “Aplicación estricta del Estado de Derecho”  o “Con la prisión para nuestros compañeros, ha muerto la democracia en el Estado español”. ¿Quieren más? Pues allá va: Los árboles del Parque del Retiro que, años atrás, no estaban bien controlados y por eso se caían originando desgracias, al decir de un determinado grupo político, ahora, cuando  controla la Alcaldía de Madrid, dicen que la muerte de un niño golpeado por la caída de un árbol en el mismo Parque, es fruto de una “desgraciada fatalidad”.

Parece que en esta Semana Santa aumentará el número de extranjeros que nos visiten, aunque también es cierto que cada vez son más los españoles que viajan al extranjero. Yo, en concreto, he contabilizado cinco o seis más repartidos por varios países de la Unión Europea, con innegable vocación de ser repatriados cuanto antes. Todas estas consideraciones las hago mientras mi caña  espera, pacientemente, que algún pez gordo pique. Tal vez sea el mismo que ha afirmado que soy   un hombre rico porque después de cotizar cuarenta y dos años, he conseguido tener un piso en propiedad. El Estado, que siempre vela por la igualdad de los contribuyentes, cree que con aumentarme un 0,25% la pensión, será más que suficiente para soportar el aumento del coste de la vida. Un aumento mayor, piensa, podría inducirme al vicio y al despilfarro. Es un detalle que agradezco enormemente, aunque no sé si me dará para tomarme un corto de cerveza y brindar por todos ustedes, queridos amigos de tiempo vacante. Para una caña no me da; ya me han dicho que  con la de pescar tengo bastante.



domingo, 25 de marzo de 2018



DARLA CON QUESO


La mejor forma de camuflar un mal vino es darlo a probar con un pedazo de queso fuerte. Con ese truco, los taberneros doctos en el oficio podían librarse de ciertos caldos poco afortunados, de ese vino un poco agrio que llevaba demasiado tiempo en la bodega; una generosa cuña de buen queso tapando estratégicamente la copa ¡y listo!

De acuerdo, el vino sería malo, pero gracias al engaño hoy podemos salir de tapeo. Y es que ni el salón de casa, ni la parroquia, ni la oficina, ni la sede del partido o del sindicato, ni aún la del club del fútbol al que se pertenezca, ¡es en la taberna!, ahí es donde nos socializamos, donde se construye comunidad y se conforma nuestra identidad como pueblo. La taberna nos hace humanos y en la geografía tabernaria el vino, el pan y el queso forman una tríada perfecta.

G.K. Chesterton fantaseó con la idea de un decreto del Gobierno que prohibía el consumo colectivo de alcohol, todo por voluntad ecuménica de las Iglesias británicas. Su fantasía se convirtió en una socarrona y subversiva novela, donde dos proscritos recorrían los caminos de Inglaterra haciendo rodar el último barril de ron y una enorme bola de queso; y, cada vez que abrían la espita para hacer correr el ron, acompañado con una cuña de queso, cristalizaba, allí donde estuvieran, una sociedad en miniatura.

«Toma queso rallado y májalo bien con dos o tres dientes de ajo...». Así comienza la página dedicada al almodrote en el Libro de Sent Soví, un anónimo recetario catalán del siglo XIV que explica cómo cocinar ochenta y siete platos. El almodrote es el número veinticinco. No es la referencia más antigua al uso del queso en las cocinas. Plinio el Viejo, en su inabarcable y monumental Historia Natural, dedica varios volúmenes a describir todas las variedades de queso que se podían obtener en un surtido mercado romano; y el gastrónomo Marco Gavio Apicio, santo varón y mártir, lo incluyó en sus platos; consignemos la hipotrimma a modo de ejemplo: pimienta, queso, piñones, dátiles, miel, vino, aceite y el garum.

Hoy existen más de 2.000 tipos de queso y nos quedamos cortos probablemente; muchos de ellos ya se hacían en la antigüedad.

No debe sorprendernos tanta riqueza. Domesticados los rumiantes en el neolítico, es presumible suponer que el queso llegó con ellos. Cuenta la leyenda que un mercader árabe se aprestó a atravesar el desierto y soportar las muchas leguas del camino, transportando leche en el estómago vacío de un cordero. Cuál no sería su sorpresa al descubrir, al cabo de unas semanas, que esta había solidificado: se había convertido en requesón.

El queso es leche cuajada (en el cuajo de los estómagos) sobre la que actúan las bacterias. Y aunque nosotros conocemos queso de oveja, de cabra y de vaca, los animales productores de la materia prima pueden llegar a ser sorprendentes: desde camellos hasta búfalos.

Esa diversidad de rumiantes y de bacterias implicadas, todos los posibles mohos, los distintos tiempos de curación y moldes a emplear, los procesos empleados, o incluso las especias que se puedan añadir (ya hemos visto que Apicio empleaba piñones, pimienta, miel...) explican tanta variedad de quesos a nuestra disposición.

También son infinitas sus posibilidades gastronómicas: bien como queso crudo o como ingrediente central o secundario de miles de recetas; en estado líquido, sólido y, en ciertas cocinas de vanguardia, incluso gaseoso. Puede formar parte de un aperitivo, del primer plato, del principal o del postre (los jesuitas alcanzaban el solaz acabando sus comidas con queso fresco, membrillo y vino dulce). Podemos desayunar con queso, almorzar con él o servirlo en la cena. O simplemente puesto junto al pan y convinado con un buen caldo.

Y keso es una de las primeras palabras que se escribieron en lengua romance: en 959 un monje consignaba en un pergamino (su Noticia de Kesos) todos los dispensados por el monasterio leonés de Rozuela.

En conclusión, ¡que nos la den con queso!

NOTA.- Pasaje de la novela, SABOR Y SABER. Editorial Cuatrohojas (www.editorialcuatrohojas.com)

Acuarelas de Manuel Malillos Rodríguez.

jueves, 22 de marzo de 2018




MATER  DOLOROSA

Ayer tuve la fortuna de escuchar en el marco incomparable del Paraninfo de la Universidad de Valladolid, al Grupo de Música Antigua de la UVa, dirigido por el joven y afamado músico, Ignacio Nieto Miguel, en un concierto memorable titulado: "MATER  DOLOROSA", que nos propuso un viaje que tenía como hilo conductor la "MISSA DOLOROSA" del gran compositor del barroco italiano Antonio Caldara, una obra compuesta para coro, solistas, cuarteto de cuerda, dos trombones y bajo continuo y que contó con instrumentistas de lujo, muchos de ellos integrantes de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León.
A modo de pequeños interludios, entre cada uno de los Movimientos de la Misa, pudimos escuchar cuatro Antífonas Marianas musicalizadas por algunos de los compositores más relevantes desde el siglo XVI hasta la actualidad.
La alta calidad del Grupo de Música Antigua y la magnífica dirección de Ignacio Nieto Miguel, hizo posible que la audición obtuviera un clamoroso éxito y que, justamente, recibiera del numeroso público asistente merecidos aplausos como refrendo a una brillante actuación.
Os adjunto, además del Programa, los intérpretes y un breve currículo de Ignacio Nieto Miguel, director musical de este Agrupación desde el año 2010

PROGRAMA
Antonio Caldara (1670-1736), Kyrie de la Missa Dolorosa (Para cuarteto de cuerda, continuo, solistas y SATB)
               T. L. de Victoria (1548-1611), Alma redemptoris Mater
Antonio Caldara, Gloria de la Missa Dolorosa
               Lotti (1667-1740), Salve Regina
Antonio Caldara, Credo de la Missa Dolorosa
               J. G. Rheinberger (1839-1901), Ave Regina Coelorum
Antonio Caldara, Sanctus de la Missa Dolorosa
               V. Miskinis (1954-), Regina Coeli
Antonio Caldara, Agnus Dei de la Missa Dolorosa
INTÉRPRETES

Sopranos: Verónica Rioja, Sandra Álvarez, Saray Prados, Lucía Alejos.
Altos: Leire Sánchez, Norma Rodríguez, Beatriz Pérez, Irene Díaz.
Tenores: Javier Sanz, Juan P. Lozano, Pablo Román, Gregorio Casado.
Bajos: Jorge Bombín, Luis Sánchez, Javier Frontela, Jesús M.ª Chamorro. 

Violín I: Iuliana Muresan Murgu
Violín II: Dorel Murgu
Viola: Elena Boj Solano
Violonchelo: Montserrat Aldomá  
Trombón contralto: Casimiro García Llamas
Trombón tenor: Pablo López Pérez
Tiorba: Rodrigo Jarabo

Dirección musical: Ignacio Nieto Miguel

Ignacio Nieto Miguel, es premio extraordinario de doctorado en Historia y Ciencias de la Música por la Universidad de Valladolid, posee asimismo los títulos superiores de piano y profesionales de canto y clavecín. Su actividad como intérprete, conferenciante y docente le ha llevado a países como Nigeria, Cuba, México, Uruguay, Argentina, Alemania, Reino Unido, EEUU, etc. Ha publicado varios estudios sobre patrimonio histórico musical y organístico español. Actualmente es profesor en la Universidad de Burgos y de la Universidad Internacional de Valencia, y colabora activamente con la Sección Departamental de Historia y Ciencias de la Música de la Universidad de Valladolid. www.ignacionieto.com

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domingo, 18 de marzo de 2018


REFLEXIONES  CAROLINGIAS  (XXIV)

Como era un desastre jugando al golf, los amigos le compraron un bastón blanco para que recorriera con él, las calles de cada hoyo.

Se pasó la vida intentando hacer que su vida fuera un círculo perfecto, hasta que de mayor se dio cuenta de que no tenía una esquina en dónde refugiarse.    

Era un poeta tan estricto consigo mismo que, cuando escribió un haiku con dieciocho silabas, estuvo varia semanas haciendo un cursillo intensivo de Zen.

Buscó, buscó y rebuscó un "enchufe" hasta obtener un puesto bien remunerado y que no le supusiera demasiado trabajo. Después, el esfuerzo le fue quemando y al final murió electrocutado.

Desde que le abandonara su mujer, escribía, "mi ogar", cuando se refería a su casa, para indicar que la que ocupa en su vida el primer lugar, se había ido.

Creía que si le operaban la lengua haciéndosela bífida como la de una víbora, conseguiría ser bilingüe y lo único que consiguió fue convertirse en una mala persona.

Cateto: Persona palurda, torpe, inculta. Ahora vas, y con este significado, enuncia el teorema de Pitágoras.

Su oficio era pegar carteles pero, el día antes de morir asesinado, se equivocó y dijo que pegaba cárteles.

¿Conocerían los egipcios la existencia de la estafa piramidal?

Era un empresario tan comprometido y tan deseoso de crear empleo que, cuando jugaba al ajedrez, daba de alta en la Seguridad Social a todos los peones.

Automáticamente, cuando leía un artículo que "no le olía bien", ponía en funcionamiento el extractor de malos olores.

En época de elecciones y, por si acaso, el corrupto se compraba unos botos.