domingo, 10 de diciembre de 2017

PASAJES DE “CÉCILE. AMORÍOS Y MELANCOLÍAS DE UN JOVEN POETA” (41)
CAPÍTULO V
La Acogida
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Apenas duró media hora mi estado de éxtasis, pues mi hermana, nerviosa, aprobó el ensayo pero ordenó apremiante:
―Por hoy ya es suficiente ―dijo, desconectando el pick-up―. La prueba ha sido un éxito. Vamos a colocar todo como estaba, que mis padres no tardarán en venir. Ojalá obtengamos permiso para bailar aquí cuando esté Nacho.
Tata Lola y Petra, habían seguido nuestras evoluciones, observándonos desde la puerta. Esta última hizo una evocación de sus años jóvenes.
―¡Lo que me tengo bailado en el salón de la Plaza del Cubo, sólo Dios lo sabe! ¡Hasta las tantas de la madrugada aguantábamos en fiestas! Pero ahora... soy un carcamal que bastante tiene con poder moverse. ¡Hay que amolarse, lo corta que es la vida!
―La vida puede parecer a algunos que es demasiado corta ―puntualizó tata Lola―, pero en mi caso, por haber nacido pobre y tener que servir desde niña, siempre me ha parecido que el tiempo transcurre terriblemente despacio, y con todo, ya no cumplo los cincuenta.
Terminado el ensayo, Daniel no quiso que les acompañara de regreso a casa.
―Estamos a un paso. Iremos deprisita para no enfriarnos.
En la puerta, quedamos en contactar en cuanto supiéramos el día en que llegaría Nacho, y nos saludamos intercambiando besos de despedida.
―Es una costumbre muy francesa ―intentó justificar Daniel, cuando besó a mi hermana.
―Es una costumbre que no hay que perder ―dije mientras besaba a Cécile.
―No seas malo… no seas malo ―repitió la muchacha, con gesto complaciente, antes de que su figura se perdiera escaleras abajo.
Era tal la ilusión que sentí al cerrar la puerta, que creí que una nueva resurrección se operaba dentro de mí. Recapitulando los momentos vividos, compuse este sexteto que titulé “Algo está cambiando” en referencia a la ilusión que la presencia de Cécile me proporcionaba.

ALGO ESTÁ CAMBIANDO
Por fin la oscura noche ve la aurora.
El corazón ya libre y antes preso,
quiere lanzar al aire melodías.
Revivo con pasión, hora tras hora,
el momento feliz, tu dulce beso,
que borró de mi ser melancolías.

Aquella noche pensé con todo fundamento, que el Cielo, de cuya existencia llegué a dudar, se ocultaba en algunas personas de este mundo. Y yo acababa de encontrarlo. ¡El Cielo era Cécile!



jueves, 7 de diciembre de 2017

DEL  COLOR  DEL  MUSGO  HÚMEDO

Mañana viernes, día 8, a las 20 h., tendrá lugar en la Casa Municipal de Cultura de Llanes (Asturias), la presentación de la estupenda  novela de Ana Teresa Cué, “Del color del musgo húmedo”,

La autora, Ana Teresa Cué nació en Barcelona, aunque se considera llanisca, y a Llanes regresa siempre que puede, atraída por la belleza de los montes del Cuera, los colores cambiantes del Cantábrico, y sobre todo, por la Magdalena, a cuyo Bando pertenece desde mucho antes de ser engendrada. Actualmente, reside en Barcelona. Del color del musgo húmedo es su primera novela.

La editorial de los grandes éxitos: galeón books, me ha remitido junto a la noticia de este evento, una sinopsis de la novela:

Llanes, 18 de julio de 1936. La joven Martina Fuello cumple veintidós años y aún no sospecha que los acontecimientos que están sucediendo van a cambiar para siempre su vida y la de las personas que la rodean. Es la guerra.
En la intimidad de su diario, Martina nos enseña aquello que oculta la ‘historia oficial’: los entresijos del día a día durante la guerra civil española, los anhelos e ilusiones de las personas, sus temores y sus dificultades para sobrevivir. La autora nos ofrece todo un compendio de sabiduría cotidiana y de filosofía de vida: el optimismo, la amistad y, sobre todo, el amor, lograrán imponerse a pesar de todo, sin dejar nunca de lado un entrañable sentido del humor.
Del color del musgo húmedo es una saga familiar, la historia del odio entre dos Españas. Los numerosos personajes que pueblan sus páginas enseñan lo mejor y lo peor del ser humano cuando los convencionalismos de la sociedad han sucumbido.
El lector tiene en sus manos un libro rebosante de vida y sinceridad en cada una de sus páginas, una novela magistral, de esas que perduran en el recuerdo.

Dentro de pocas fechas, tendré en mi poder un ejemplar de la novela, que ya se comercializa en las principales librerías del país. Una vez leído, prometo emitir mis impresiones sobre la misma. De momento, deseo a la autora el mayor de los éxitos en su recién estrenada andadura como escritora.





domingo, 3 de diciembre de 2017

PASAJE DE “LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS” (41)
CAPÍTULO II
La bienvenida
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Jeremías, que estaba al tanto de lo que se comentaba, debió oír «Chagaril», por lo que, al momento, interrumpió los silbidos, sustituyéndolos por una cancioncilla que repetía como una salmodia: «Agua del “Chagaril… il...il”, bebe mucho y harás pis…is…is». Tinín reía sin parar, Margarita escondía la cara entre las manos y mi madre y tata Lola disimulaban como podían, conteniendo la risa. Al tío Mariano, no le hizo tanta gracia la ocurrencia, porque seguramente no era la primera vez que oía la misma cantinela, y explotó:
―¡Cállate «jodío» crío, y estate a lo que estás! ―refunfuñó, para luego, dirigiéndose a nosotros, continuar con su estilo peculiar―: ¡«Mecagüen» … tal! No sé cómo crece; sólo aprende picar­días. Eso sí, no le mientes un libro que se caga por la pata abajo. Tampoco sé por qué cojones le llevo todavía a la escuela.
Al oírlo, Lucía, poniéndose en jarras, salió en defensa de su hijo:
―¡Mira quién fue a hablar! ¡Pues sí que tú eres amigo de libros! ¿O es que tienes en el bar la biblioteca? Al final tanto me da, que sea el padre o el hijo; con los dos acabo llena de mierda. Jeremías con los estudios se caga por la pata abajo y tú no paras de echar «mecagüenes» todo el día por la boca.
Tan instructiva charla, se interrumpió al cruzarse en nuestro camino una vaca de Fulgencio, el Culebra.
―¡Saaa, morucha! ―dijo Fulgencio, mientras lanzaba un canto a las patas del animal.
La vaca no se dio por enterada y continuó caminando parsimoniosamente delante de nosotros, sin variar el rumbo, balanceando las ubres, que se enredaban a cada paso entre las patas traseras.
―¡Vaya tetas! ―me susurró Tinín, un tanto asustado.
―Chiss… ―le indiqué, con el dedo en la boca, intentando callarle, mientras Jeremías golpeaba con su varita el flanco del animal, para que se orillara.
Mi hermano no era el único sorprendido. Yo tampoco en mi vida había visto unos depósitos de leche tan grandes, agitándose de esa manera.
 «En vez de leche, dará batidos» pensé en otro de mis estúpidos razonamientos, cuando, de nuevo, retumbó desde el pescante la voz aguardentosa de mi tío:
―¡Culebra! ¡«Mecagüen»… la leche! ¡Hasta que no te ponga los cuernos tu mujer, no vas a saber tratar a las vacas!
―¡No te pases, Mariano! ―respondió, el Culebra, que hasta ahora tu mujer no es una zorra y bien de conejos cazas tú, furtivamente.
La expresión de mi padre cambió radicalmente al oír estos comentarios, que consideró ordinarios y altamente perjudiciales para nuestra formación, y sin cortarse un pelo, vociferó:
―¡Mariano!: Eres un grosero y un mal hablado ¿No te das cuenta que no estás solo? Mi mujer y mis hijos no tienen por qué oír la sarta de palabrotas que lanzas cada vez que abres la boca.
―Di que sí, primo ―terció Lucía―; ya se lo tengo dicho muchas veces. Con este hombre no puedo ir a ninguna parte. ¡Maldita sea! ¡En qué estaría pensando cuando se me arrimó!

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jueves, 30 de noviembre de 2017


JOAQUÍN  DÍAZ

Guarda Urueña, entre sus murallas, el encanto del recuerdo. Historias escritas en piedra a lo largo de los siglos, que parecen hablarnos al recorrer sus serpenteantes calles, de evocadoras leyendas plenas de romanticismo. Pasado y el presente conviven en idílica armonía, haciendo que el núcleo urbano sea el refugio perfecto en el que se resguardan librerías que hace de este enclave, un fortín del saber y un espacio cultural al que acuden gentes de todos los países porque, no en balde, es Urueña, la primera Villa del Libro de España.

En este lugar de ensueño, vive y da vida a un trabajado y esmerado Plan de recuperación cultural, un hidalgo soñador que parece pertenecer, por su desinteresada generosidad, a otro tiempo. Me estoy refiriendo a D. Joaquín Díaz, que a pesar estar doblemente galardonado con el Doctorado Honoris Causa por el Saint Olaf College (USA) y por la Universidad de Valladolid, ser Miembro de la International Council for Traditional Music Bigraphical Centre en Cambrigdge y Académico numerario de la Real Academía de Bellas Artes de la Purísima Concepción etc. etc., entre otros reconocimientos, posee el alma noble y amigable del coleccionista que continúa fascinado por todo aquello que se relacione con la investigación, la recopilación y la divulgación de la cultura tradicional y el folclore.

Desde la Casona de la Mayorazga, en donde se ubica el Centro Etnográfico que lleva su nombre, Joaquín, realiza un inmenso trabajo de recopilación que enriquece día a día el acervo cultural de nuestro país a través de los fondos, que para curiosidad y contemplación de todos, se exponen, tanto en su centro Etnográfico como en el Museo de las campanas; un recinto situado a poca distancia del primero.

Creador de la Fundación que lleva su nombre, anima la actividad cultural de cuantos estén interesados, con la programación de al menos tres simposios anuales que abarcan todos los temas imaginables en el mundo de la cultura tradicional; labor importantísima, que sin su colaboración, difícilmente vería la luz.

No es extraño, que cuantos participamos como socios amigos en su Fundación, nos sintamos muy honrados con su presencia cuando nos reunimos en torno a su figura y a su obra y escuchamos sus palabras, anunciadoras siempre, de esbozos de nuevos proyectos, y todo ello con la finura, la amabilidad  y el buen tono que posee este hombre sabio de origen zamorano y raigambre terracampina.

Este modesto homenaje a su figura, quiere ser también un llamamiento para todo aquel que desee ser socio de la "Asociación de Amigos de la Fundación Joaquín Díaz". Junto a los que ya pertenecemos a ella, el nuevo afiliado encontrará la oportunidad de colaborar en un  proyecto tan necesario como atrayente.

Gracias, Joaquín, por tu ingente labor, reconocida en los múltiples homenajes que has recibido y recibes, dentro y fuera de España. Hago votos para que tu coraje investigador nos siga contagiando durante muchos años más.

Fotografías del autor.


domingo, 26 de noviembre de 2017

REFLEXIONES CAROLINGIAS  (XXI)

Desde que le dijeron que era un hombre de altos vuelos, su afición por viajar en globos aerostáticos, fue en aumento.

Aunque tenía fama de pacífico, su comida favorita consistía en degustar navajas y pez espada.

Se encontraba muchas veces con serias dificultades, pero conocía el modo de hacer que las dificultades sonrieran.

Decía tener muchos amigos, pero se pasaba la vida haciendo solitarios.

Me dijo: "Te doy mi palabra de que..." y. ¡claro!,  a partir de entonces, se quedó mudo.

"Al enemigo ni agua"—decía—, y trataba con saña a sus adversarios. Pero el día que comprobó que lasaña era una plato exquisito, cambió de modo de actuar.

En otoño, los árboles lloran hojas.

Leyendo estos eslóganes en una tienda: "El precio se olvida, la calidad permanece" , "El precio lo dice todo" y "Precios para todos los bolsillos", he llegado a la conclusión de que el precio es un ente olvidadizo, muy locuaz y dadivoso.

Se especula con la posibilidad de que en las Islas Vírgenes, se ruede un remake de la divertida película; "Toma el dinero y corre".

Propongo que no se pueda presentar a cargo electo, o se inhabilite, a todo político que incurra en maltrato lingüístico al pronunciar en sus alocuciones: "Españoles y españolas,  "Candidatos y candidatas", "Segovianos y segovianas", "Compañeros y compañeras" etc. etc...

Estaba deseando que hiciera calor, para poder abrir ante él, un abanico de posibilidades.

Cuando oyó decir a su loro: "Pienso, pienso, pienso..."  creyó que había conseguido ¡por fin! que el animal, además de hablar, razonara , pero ¡Oh desilusión!, únicamente solicitaba comida.




jueves, 23 de noviembre de 2017


FÁBULA DEL GORRINO EGOÍSTA

Los dueños de una dehesa, unos jóvenes emprendedores, habían puesto su ilusión en conseguir que los cerdos que en el futuro pastarían en sus encinares, fueran de la mejor calidad.

Para ello, inseminaron a una hembra ibérica, prolífica, con semen de un ejemplar que poseía en su haber varios galardones. La operación resultó muy costosa, pero pareció dar sus frutos cuando, al cabo del periodo de gestación, catorce cerditos alegraron con sus agudos gruñidos el paritorio. La alegría inicial dio paso a una amarga frustración. En una fría noche de invierno, se interrumpió el suministro de corriente eléctrica y, con las bombillas calefactoras apagadas, tan sólo dos crías machos sobrevivieron: uno parecía fuerte; el otro, por el contrario, era seguramente el más débil y escuálido de los nacidos. En vista de lo cual, los granjeros decidieron ponerles por nombre “Mucho” y “ Poco”.

El grandullón era un cerdito egoísta que mamaba todo lo que podía, impidiendo que su hermano se alimentara. Tan sólo cuando “Mucho” se quedaba dormido, “Poco” aprovechaba para saciar su hambre. No varió el comportamiento de “Mucho” cuando llegó el tiempo de la montanera. “Mucho” caminaba delante de su hermano barriendo con su hocico  las bellotas que podrían haber sustentado a ambos. Incluso, si observaba que “Poco” se detenía al encontrar sustento, le golpeaba en sus flancos, impidiendo que se alimentara.

Cierto día, se presentó un tratante en la finca, y tras desestimar adquirir a “Poco”, se interesó por los doscientos kilos de “Mucho”, al que condujo al matadero. Ya sin su hermano, “Poco” empezó a engordar de manera sorprendente, convirtiéndose en un cerdo con una inmejorable presencia, hasta el punto de que los granjeros pensaron destinarle a semental, porque no en vano conservaba los genes de un campeón. Así, mientras los jamones de “Mucho” eran contemplados en una charcutería en espera de comprador, “Poco”, al que cambiaron el nombre por “Sultán” disfrutaba en la dehesa con abundante comida, rodeado de un harén de admiradoras.

Moraleja
El disfrute del egoísta, es pasajero.

Dibujo a la acuarela de Manuel Malillos Rodríguez.


domingo, 19 de noviembre de 2017


ME LO DECÍA MI ABUELITO
(Basado en un poema homónimo de José Agustín Goytisolo)


(Obra teatral en 3 Actos)

ACTO PRIMERO
(Cuarto de estar de una familia de la clase media. Año 1980)

El padre (enfadado)— No pongas esa cara de circunstancias ni te escondas tras las faldas de tu madre. Estas notas de final de trimestre son una auténtica basura. Ya te lo advertí varias veces: "Matías, estudia... Matías, ponte a estudiar..." pero tú como el que oye llover y ahora pagamos las consecuencias todos. El primero tu padre que tiene que detraer un dinero de la paga del mes para ponerte un profesor particular.
El abuelo(en tono conciliador)— Mira hijo, en esta vida como no trabajes, no llegarás a ser nunca nada. Serás el último mono, el hazmerreir de tus amigos y del vecindario, pasarás hambre y penalidades y, a la postre, no serás feliz.
El padre— No le haga más los cargos, padre ¡lo sabe de sobra! De chiquillo podría no darse cuenta, pero ahora con pelos en las piernas, es un gamberro que está comiendo la sopa boba, riéndose de todos nosotros.
La madre— Bueno, no es para tanto. Tengamos un poco de paciencia. A veces las personas cambiamos. Todavía es muy joven. Llegará el día en que se dará cuenta y te tomará como ejemplo.
El padre— Eso, encima tú protegiéndole. Me desautorizas totalmente. Con tu actitud lo único que consigues es que se pase la juventud sin hacer nada y luego la culpa será mía por no haberme sabido imponer y haberle dado cuatro soplamocos a tiempo.
El abuelo— Tranquilidad. Que no llegue la sangre al río.(Dirigiéndose a su nieto) Matías: lo que tienes que hacer es ponerte a estudiar desde hoy mismo. ¿Verdad que lo harás? Por experiencia te digo, que si no hincas los codos, no serás nada. La vida es de los que triunfan y mandan sobre los demás. Lo has de comprobar tú mismo. Algún día te darás cuenta y te acordarás de lo que te dijo tu abuelo.

ACTO SEGUNDO
(Mismo salón. Año 2000)

El padre—A veces los padres tenemos razón. Tanto proteger a tu hijo y ¿qué hemos conseguido?  Va a cumplir los cuarenta y Matías no tiene oficio ni beneficio. Con novia, sin poder emanciparse y viviendo a nuestra costa.
La madre— No te desesperes. Las cosas a veces requieren tiempo. Ya ha tenido varios trabajitos de una semana y va aprendiendo oficios. Ya ha sido camarero, repartidor, hombre anuncio, lava coches... La culpa la tiene la sociedad que no le da tiempo de coger experiencia.
El padre— ¡Cuántas veces me acuerdo de los consejos que le diera en vida su abuelo! Desgraciadamente, han servido de muy poco. De nuestro hijo, no esperes nada. Me preocupa el día en que nosotros no estemos. ¡Qué va a ser de él!
La madre—¡Por favor. No seas tan agorero! Mira: desde hace una semana, le han ofrecido pegar propaganda electoral para un Partido que pita mucho. Si después tuviera suerte y consiguiera colocarse como administrativo en sus oficinas...
El padre— Tú siempre soñando despierta. Este hijo nuestro nunca pasará de pega carteles y mira que se lo advertí.
La madre— Ten paciencia. He de reconocer que nuestro hijo no ha sido muy aplicado para los estudios, pero es muy listo y muy dispuesto. Nada más tienes que ver la labia que posee y la facilidad con la que hace buenos amigos.

ACTO TERCERO
Suntuoso salón en una urbanización de lujo. Año 2017

La madre—¿Y qué me dices ahora, agorero de las narices? ¿Te acuerdas cuando te decía que nuestro hijo era muy listo? ¡Una madre siempre sabe lo que ha parido!
El padre— Tengo que reconocerlo, tenías razón. Nunca pensé que el muchacho llegaría tan lejos.
La madre— ¡Pues claro, hombre! En cuanto comprobaron que además de pegar carteles, hablaba con un alto poder de convicción, en el Partido se lo rifaban para dar mítines, y hoy ya ves el puestazo que ocupa.
El padre—Es cierto. En poco tiempo, se ha situado muy bien. Tiene tres coches, unos cuantos pisos y además nos ha regalado este precioso chalet que es la envidia de nuestros amigos.
La madre— Y todo ha salido de sus lomos, porque ¡Hay que ver cómo trabaja este chico y con qué gente se relaciona!
El padre— Y lo atento que es con nosotros. A mí sabiendo que soy filatélico, no cesa de enviarme sellos de Andorra, Liechtenstein, Panamá, Islas Vírgenes, Andorra, Chipre....
La madre—El mundo se le queda pequeño. En cualquier sitio que se encuentre, siempre tiene amigos. ¡Qué suerte tenemos, maridito mío!
El padre— Pues sí, ya no tenemos que preocuparnos por nuestra vejez.
La madre— Ya te lo dije en su día: Las madres tenemos un sexto sentido y yo sabía desde que nació, que este hijo mío llegaría a ser un hombre de provecho.
FIN.


jueves, 16 de noviembre de 2017


LA REFORMA
Crónicas de mi Periódico                 16 de noviembre de 2017
LA TAPA

Recientemente, se ha celebrado en Valladolid, el XIII Concurso Nacional de Pinchos y Tapas, coincidiendo con el Primer Campeonato Mundial de Tapas. Todo un acontecimiento gastronómico que ha reunido en nuestra ciudad, a "la crème de la créme"o a "la flor y nata", por emplear términos culinarios, de una ingente cantidad de chefs, venidos de los diversos puntos del planeta. Un jurado experto ha otorgado los correspondientes premios, cuyo Fallo, líbreme Dios de criticar, porque no he formado parte del jurado y en el imaginario caso de que me lo hubieran propuesto, hubiera tenido que renunciar a tan alto privilegio, dada mi incapacidad para poder distinguir sabores, aromas y texturas, de composiciones tan sofisticadas.

El gusto, como tantas cosas en la vida, se educa a base de practicar y practicar. La primera lección consiste en descifrar algunos términos con los que uno se puede encontrar al ojear la carta de pinchos de un restaurante de cierta categoría: "crujiente" "espuma" "glaseado" "tulipa", etc., suelen ser las primeras palabras con las que nos encontramos; después viene el componente principal, camuflado en un eufemismo escrito con morfema en diminutivo. Así el cerdo o marrano de toda la vida, se convierte en "Ceboncito" y sus extremidades se citan como "manitas". Si lo que pides, termina con: "en reducción", témete lo peor, pues el bocado esperado ocupará una mínima parte del enorme plato en que te lo sirven y el precio a pagar, siempre estará en razón inversa de la "reducción" ofertada. Si te animas a seguir leyendo, conocerás  el lugar de procedencia: "del mar Cantábrico" " de la dehesa salmantina" , etc., no siendo raro que incluyan alguna referencia al origen de la receta, para que no te atrevas a preguntar cómo lo han hecho. El socorrido "al modo de la abuela" suele ser un buen truco, pues viendo la edad del cocinero, no es aventurado suponer que la abuela ya se encuentre habitando los espacios celestiales y así te quedarás sin saber el artífice original de esa explosión de sabores que se desparrama en tu boca.

Para adquirir cultura gastronómica, también es recomendable leer libros sobre el tema, pero sin pasarse, como le ocurriera a Don Quijote con los libros de caballerías, porque en cierta ocasión leí que la paletilla más jugosa de un lechal, era aquella en la que el animal se recostaba en el aprisco. ¡Exíjala, al degustar un buen lechazo asado!— recomendaba el experto. ¡Para echarse a reír!

Pero para no irme por los cerros de Úbeda os diré que esta mini comida de nombre controvertido, puesto que la tapa además de cerrar la parte superior de un recipiente, abre el apetito, resulta ideal para charlar con los amigos y para hacer tiempo y ganas hasta que llegue la hora del almuerzo. A mí,  y mientras no eduque mejor el paladar, me basta con que al vino o a la cerveza le acompañen un pincho de tortilla o una ración de calamares, aunque prometo seguir estudiando sobre el tema, porque para el 2018, quieren declarar a la tapa como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad y no deseo, que por inculto, me señalen con el dedo. 

De momento, ya estoy recogiendo información sobre los usos culinarios del nitrógeno líquido.






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domingo, 12 de noviembre de 2017



ZORRILLA  EN  TORQUEMADA

En este año se cumplen dos siglos del nacimiento en Valladolid, del gran poeta y dramaturgo José Zorrilla y Moral. La ciudad, que siempre se sintió honrada con este hecho, ha programado diversos actos culturales para festejar la efeméride. Sin embargo, no es tan conocido para el gran público, que el padre del autor tuviera casa solariega en Torquemada (Palencia) y allí pasara el poeta diversas temporadas en su juventud, en un vano intento paterno de que se interesara en estudiar Leyes y abandonara su dedicación al dibujo, a la literatura y a las mujeres. Precisamente, recordando los amoríos juveniles que tuvo en Torquemada con una prima suya, he compuesto estas cuatro décimas:

AMOR DE JUVENTUD
Cuentan historias que son
algunas de ellas posibles;
de amores hay increíbles,
que dicen que la pasión,
obnubila la razón
de quien se siente atraído
por el encanto surgido
al ver andar a una flor,
que al moverse, con su olor,
al más cuerdo vuelve ido.

Se dice que en Torquemada,
un joven, novel autor,
prendado quedó de amor
en veraniega jornada,
resultando que la amada
era su prima, y se dijo:
“En su casa como a un hijo
me quieren desde pequeño,
a poco que ponga empeño,
será mi amante, de fijo”.

Seguro que han descubierto
que el galán era Zorrilla,
pues no había en esta villa
otro escritor, eso es cierto,
que al requebrar con acierto
a toda moza garrida
la dejara de por vida
afectado el sentimiento,
si bien en su pensamiento
fuera encontrar la salida.

Así fue esta vez también,
y en los Pagos de Ladrero
fluyó el amor ¿verdadero?,
uno más, que hacía el cien,
pues el placer, o su bien,
era encontrar la ocasión
revestida de ilusión
al componer la poesía,
que fuera luego ambrosia
al hacer del verso, acción.

Fotografías cedidas por gentileza de Mª del Carmen y Mª Isabel de Miguel Santiago, actuales propietarias de la casa en Torquemada, que perteneciera a Zorrilla hasta mediados del siglo XIX.




jueves, 9 de noviembre de 2017

PASAJES DE "CÉCILE. AMORÍOS Y MELANCOLÍAS DE UN JOVEN POETA" (40)
CAPÍTULO V
La Acogida
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Con la complicidad de ambos conseguida y sabiendo que aquella tarde mis padres estarían de tertulia en el Círculo de Recreo, me animé a llevarles a mi casa, que con los retoques había quedado muy presentable.
―Vamos a casa y le contamos a Margarita si le parece bien que organicemos un bailongo en nuestra casa; la pobre, apenas sale a la calle. Guarda las ausencias como si estuviese comprometida. Seguro que al decírselo se alegrará. Nosotros procuraremos alegrarnos también porque sé que tata Lola siempre tiene en su cuarto una botella de vino Sansón para cuando se acatarra. Las pastas están aseguradas, porque son el avituallamiento de tía Gertru ―afirmé con desenfado, para que no se notara que era la primera vez que llevaba a una chica al bastión de los González Hontañera.
Petra fue quien nos abrió la puerta. Había empezado ya “las prácticas” y llevaba puesto el uniforme completo, zapatos incluidos. Todavía la cofia se le resistía, pues, ladeada, amenazaba con desprenderse en cualquier momento.
―Pasen los señoritos que ya cierro yo la puerta con cuidado, no siendo que con el aire me se vuele este pedazo de trapo que llevo en la cabeza y que todavía no sé para qué coños vale.
La respuesta hizo que los tres no pudiéramos contener la carcajada. Margarita acudió solícita a recibirnos y tras las presentaciones intentó disculpar a la novata.
―Os ruego no tengáis en cuenta lo que ha dicho. Lleva poco tiempo entre nosotros y no conoce todavía la manera educada de dirigirse a quienes nos visitan.
Cuando Margarita conoció el plan diseñado para acoger a Nacho, nos dio las gracias y se mostró encantada, dejando encargado a Daniel que, llegado el momento, hiciera un programa detallado de todas las visitas sagradas y profanas que pensábamos llevar a cabo.
―Lo que hagas, nos parecerá bien a todos. Goyita no pondrá ningún obstáculo, pues como amiga, es una niña encantadora.
―A mí me parece que no debemos descuidar la preparación de los tiempos de ocio ―dije, acordándome de Cécile―. Y puesto que para gente de nuestra edad no hay locales de baile, estoy pensando que aquí mismo podíamos hacer el guateque.
Margarita se quedó pensativa y expuso sus dudas:
―No sé, no sé... Ya sabes que papá es muy estricto para algunas cuestiones.
―Por si acaso, podemos hacer la prueba ―dije.
Y al momento me puse manos a la obra, desplazando la mesa y amontonando las sillas junto al aparador, de manera que quedó despejada una parte del salón. Enchufar el tocadiscos y colocar un vinilo, fue cuestión de segundos. Margarita tomó de la mano a Daniel, sacándole a bailar, haciéndose la ilusión de que, en aquel momento, era Nacho su pareja. Cécile y yo les imitamos, bailando primero un tanto distanciados, para juntarnos más tarde cuando sonó el tango “El Día que me quieras” que parecía escrito expresamente para nosotros. Fueron unos momentos inolvidables, en los que floté más que bailé, teniendo a escasos centímetros de mi cara la de Cécile, mientras un fino aroma completaba la fantástica sensación de sentir nuestras manos juntas en tanto evolucionábamos sobre la tarima.
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domingo, 5 de noviembre de 2017


PASAJES DE "LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS" (40)
CAPÍTULO II
La bienvenida
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Un inoportuno bache y un «mecagüen... di... ela» fue la primera carga explosiva que lanzó el tío Mariano sin poderse reprimir. Al oírlo, mi madre se santiguó, al tiempo que Lucía propinaba a su marido un codazo, contenta, no obstante, de que por esta vez, el improperio no fuera dirigido expresamente al Creador.
―¡Qué bruto eres, Mariano! ―exclamó mi padre, no acostumbrado a esas expresiones.
―¡Anda, que están los caminos cojonudos! ―respondió rápido mi tío, intentando justificarse.
No habría hecho falta tal aseveración. El camino estaba en pésimas condiciones y esto hacía que nos moviéramos de un lado a otro, mientras el carromato crujía, amenazando descuartizarse, a pesar de tener los bujes con grasa hasta los topes. Menos mal que Tinín, riéndose con las payasadas de Jeremías, rebajaba la tensión.
Ni el calor, ni el polvo del camino, ni siquiera el molesto acompañamiento del Mecagüen, eran capaces de borrar la risueña mirada del rostro de mi padre, al que estas contrariedades, y más que hubiera, no hacían mella. Estaba en su pueblo y disfrutaba viendo la mies extendida, los bieldos sobresaliendo de las cebadas trilladas, las aventadoras y los trillos en perentoria quietud, esperando horas de mayor calor, y el encanto que transmitía la soledad de las parvas a esa hora de la mañana. Todo el conjunto componía, según él, un cuadro de insuperable belleza, imposible de encontrar en cualquier otra parte del planeta; esta belleza le impulsaba a hacernos partícipes de su felicidad interior, haciendo gala de su característica locuacidad didáctica:
―Éstas son «las eras de abajo» ―dijo―; en la otra parte del pueblo, cerca de las escuelas, están «las eras de arriba», más coquetas, pero de menor extensión, ocupadas casi en su totalidad por nuestra familia durante años, antes de que el abuelo arrendase las tierras. Allí, obreros y señoritos disfrutábamos de lo lindo haciendo el verano; ¡qué tiempos aquellos! Trabajaban para nosotros sesenta segadores gallegos y llegamos a tener hasta siete pares de mulas argentinas, trillando desde junio a septiembre. Casi todos los años, nos sorprendían las ferias de Salamanca sin que hubiéramos terminado la faena. ―Hizo una pausa para tomar aliento, y continuó―: Sólo nos dábamos un respiro de algunos días sobre el cuatro de agosto, para festejar a santo Domingo. ¡Aquello sí que eran fiestas! ¡Qué manera de cantar y de bailar! ¿Te acuerdas, Lucía?
―Ya lo creo, primo ―respondió mi tía―. Entonces la juventud era más sana, no tenía tanta molicie como ahora.
Pensé que no sería tan sana cuando varios familiares habían muerto jóvenes de tuberculosis y otras dolencias, pero me callé porque interrumpir a mi padre en esos momentos me hubiera traído consecuencias. En esta ocasión, la prudencia me evitó una colosal metedura de pata.
Un poco antes de atravesar el puente sobre el regato, mi padre se percató de un caminito que se perdía entre zarzas y exclamó:
―¡Mirad! ¡Mirad! Por aquí se va a la fuente «El Chagaril». No hay en todo el mundo, mejor agua que esa ―aseveró―. Es buena sobre todo para las vías urinarias y para la piel. ¡Cuántos litros no habremos bebido de ella!
La pasión le cegaba. Yo sabía por boca de mi madre, que el bisabuelo, años antes de morir, padeció fuertes dolores en el riñón a consecuencia de una piedra que no conseguía expulsar, y que mi abuelo, a raíz del fallecimiento de la abuela Macrina, tenía serias dificultades para orinar. «Próstata: tiene usted la próstata muy grande, don Constantino ―dijo el especialista de Zamora―; veremos si el mal remite; en caso contrario operación “habemus” en septiembre».
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Fotografías del autor.